Autor: Kirsten Schuijt - Directora General de WWF Internacional
Durante demasiado tiempo, los mercados financieros han fomentado perversamente la deforestación. Talar árboles para la agricultura, la minería o las infraestructuras rinde más que mantenerlos vivos. Esto tiene que cambiar.
Los bosques tienen un valor estimado de 150 billones de dólares, el doble del valor total de todas las reservas mundiales. Sin embargo, cada año se destinan 409.000 millones de dólares en subvenciones a actividades que dañan los bosques, frente a sólo 5.900 millones de dólares de financiación pública internacional que se destinan a la protección y restauración de los bosques.
Actualmente, sólo 1 de cada 10 dólares destinados a los bosques procede de la financiación privada. No podemos confiar únicamente en los fondos públicos para colmar la brecha de la financiación climática: la historia ha demostrado que no será suficiente.
Brasil y otros países con bosques tropicales quieren darle la vuelta a la situación con una inversión inteligente de dinero público y privado. Dentro de unas semanas, cuando acoja la cumbre climática COP30 de la ONU, se espera que Brasil ponga en marcha el Mecanismo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF).
El TFFF, que se espera alcance los 125.000 millones de dólares cuando esté plenamente constituido, es un fondo de inversión autosuficiente que recompensaría a los países forestales que mantengan sus bosques en pie y, al mismo tiempo, reportaría beneficios a los inversores.
Mediante la combinación de capital procedente de países, organizaciones filantrópicas e inversores institucionales, el fondo obtiene préstamos a tipos de interés bajos e invierte en bonos de alto rendimiento. Los beneficios se destinan a pagar a los países con bosques tropicales y a los gestores forestales 4 dólares por cada hectárea de bosque en pie verificada por satélite.
Si se consigue recaudar esa cantidad, el TFFF se convertirá en el mayor fondo de ayuda a la conservación de los bosques del mundo.
Brasil está tan seguro de que el fondo funcionará que ha invertido los primeros mil millones del fondo. Un país que históricamente ha sido receptor de ayuda ha tomado las riendas.
Este tipo de liderazgo valiente, respaldado por una inversión significativa, debería obligar a otros países e inversores a unir sus fuerzas. También significa que el TFFF cuenta con una dirección especialmente atenta a las necesidades de los propios países a los que pretende apoyar, y muy versada en evitar y corregir errores del pasado.
Un error que el Fondo quiere rectificar es la falta de recompensa a los países que protegen bosques tropicales de importancia mundial.
Los beneficios que proporcionan bosques como los de la Amazonia, la cuenca del Congo, el Sudeste Asiático y el Pacífico Sudoccidental -como el almacenamiento de carbono, la regulación de los ciclos del agua y el refugio de la biodiversidad- no se valoran actualmente desde el punto de vista financiero.
El TFFF contribuirá en cierta medida a restablecer el equilibrio, situando a los países con bosques tropicales como poseedores de una valiosa clase de activos mundiales. Recompensará a los países que mantengan sus bosques proporcionándoles unos ingresos previsibles y a largo plazo que podrán reinvertir en actividades de apoyo a la conservación forestal.
Una de las innovaciones más significativas es que al menos el 20% de los fondos se pagarán directamente a los pueblos indígenas y a las comunidades locales, reconociendo así su papel crucial en la gestión forestal. Esto convertiría al TFFF en la mayor fuente internacional de financiación para estas comunidades, ayudando a crear empleo y a reducir la pobreza.
Para los gobiernos patrocinadores y los inversores, el TFFF también tiene mucho sentido. El modelo no consiste en conceder subvenciones; el capital del fondo procederá de préstamos y garantías concedidos una sola vez, y a los patrocinadores e inversores se les devolverá con intereses a lo largo del tiempo. Esto es importante porque la inversión en el TFFF debe complementarse con otras ayudas financieras a los bosques.
Poner en marcha el TFFF debe ser una prioridad absoluta. Los países patrocinadores y las instituciones financieras deben dar un paso al frente para capitalizar el fondo y garantizar el éxito de su lanzamiento en la COP30. Es una oportunidad para que los líderes reafirmen su compromiso con los bosques del mundo e inviertan en nuestro futuro común.
Sabemos que no podemos sobrevivir sin la naturaleza. La pérdida de nuestros bosques está acelerando nuestro camino hacia un cambio climático catastrófico. El TFFF es una de nuestras mejores oportunidades para cambiar positivamente los flujos financieros y garantizar un planeta próspero para todos.
Este artículo de opinión se publicó originalmente en Context News.


